El estado del cadáver impide métodos convencionales y obliga a realizar pericias complejas. Aunque la familia sostiene que se trata de Kevin Ábalos, la confirmación oficial no tiene plazos.
La investigación por el hallazgo de un cuerpo calcinado en la zona oeste de la ciudad se encuentra atravesada por una dificultad central: la imposibilidad, hasta el momento, de confirmar la identidad de la víctima por vías científicas. Aunque de manera extraoficial familiares aseguran que se trata de Kevin Ábalos, la Justicia advierte que no existen elementos concluyentes y que será necesario esperar los resultados periciales.
Según pudo saber LA CAPITAL, el estado en que fue encontrado el cadáver impide aplicar métodos tradicionales de reconocimiento. En la escena, ubicada en Juan B. Justo al 8400, no se halló ningún documento de identidad y el nivel de carbonización fue tal que el tejido dérmico de las manos se encontraba completamente desintegrado, lo que imposibilitó la toma de huellas dactilares.
Frente a este escenario, los investigadores judiciales dispusieron la realización de una necropapiloscopía, técnica que permite intentar la recuperación de huellas en cuerpos sometidos a procesos extremos. En paralelo, durante la autopsia se extrajo una pieza dental con el objetivo de llevar adelante un estudio genético que permita establecer la identidad mediante ADN.
Kevin Ábalos fue reconocido por los familiares en el lugar.
El cuerpo había sido encontrado durante la madrugada de este sábado, cerca de las 2.30, tras un llamado al 911 que alertó sobre la presencia de restos humanos en un descampado de la zona, un sector ubicado entre los barrios José Hernández y Caribe, caracterizado por la acumulación de basura y el abandono de vehículos incendiados.
Horas antes, en inmediaciones del barrio Autódromo, se había registrado una confrontación armada que derivó en el incendio de al menos tres casillas precarias. En ese contexto, una mujer se presentó ante la policía para advertir que su hermano podía estar involucrado en los hechos, lo que dio inicio a tareas de búsqueda en un marco de escasa colaboración vecinal y sin registros fílmicos.
En paralelo, en el barrio comenzaron a circular rumores sobre la desaparición de Ábalos. Conforme esos rumores, su motocicleta habría sido robada y enterrada, en lo que algunos describen como prácticas habituales dentro del ambiente delictivo. Como único elemento concreto, en las inmediaciones del conflicto fue hallado su casco, lo que reforzó las sospechas sobre su posible destino.
En redes sociales, por ejemplo, se multiplicaron mensajes que lo señalaban como una persona de extrema violencia y con fuerte influencia en el barrio, donde –según esos comentarios– ejercía control sobre distintos sectores.
En ese clima, también surgieron advertencias informales sobre posibles derivaciones del caso. Siempre de acuerdo a versiones recogidas en el lugar, no se descartaba que el hecho pudiera generar nuevas represalias o episodios de violencia, en el marco de disputas preexistentes.
A pesar de esos indicios y del reconocimiento informal realizado por allegados, los investigadores insisten en que la identificación del cuerpo dependerá exclusivamente de los estudios en curso. La causa, a cargo de la fiscal María Florencia Salas, continúa abierta y sin hipótesis descartadas, mientras se intenta reconstruir la secuencia de los hechos.
En ese marco, y teniendo en cuenta los antecedentes atribuidos a Ábalos en hechos violentos registrados en distintos barrios de la ciudad, una de las líneas de análisis es la de un posible ajuste de cuentas. No obstante, hasta tanto no se confirme la identidad de la víctima, todas las conjeturas se mantienen bajo cautela.
En el prontuario de Ábalos se enumeran múltiples antecedentes delictivos que describen su perfil violento, con reiteradas intervenciones en conflictos y hechos graves, principalmente en los barrios Autódromo y General Belgrano. Además, se lo vinculó a la comercialización de estupefacientes, un ámbito atravesado por disputas territoriales y frecuentes ajustes de cuentas.
El nombre del supuesto asesinado cobró especial relevancia en una causa de alto impacto ocurrida en 2025. En ese expediente se investigó el ataque contra Silvio Boggón, quien fue baleado en la cabeza tras un raid delictivo y falleció semanas después, luego de permanecer internado en estado crítico.
Boggón contaba con una historia de violencia y delitos detrás, en las inmediaciones de los barrios Regional y Autódromo: un día antes de ser víctima de un disparo había protagonizado un violento robo a la heladería que se encuentra a metros del HIGA junto a dos cómplices.
Ese hecho ocurrió el domingo 6 de abril del año pasado y quedó registrado en las cámaras de seguridad del comercio. Al día siguiente, Boggón fue abandonado herido en la guardia del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) por un hombre que lo trasladó en un Ford Fiesta Max negro y luego escapó.
En la investigación, las cámaras de seguridad resultaron clave: a partir de esas imágenes, el martes 8 de abril los pesquisas identificaron a uno de los sospechosos, quien fue aprehendido cuando circulaba en el mismo vehículo utilizado para dejar a Boggón en el HIGA.
De acuerdo a las fuentes, tanto el detenido como el muerto y un tercer implicado prófugo habían protagonizado varios robos durante la semana previa al ataque.
En ese contexto, Ábalos quedó señalado como uno de los presuntos involucrados en el episodio que derivó en la muerte de Boggón, lo que lo ubicó en el radar de los investigadores.
La fiscal Costanza Mandagarán investigó el crimen de Boggón y determinó que quien le había disparado, mientras consumían drogas en un lugar llamado “El Campito”, había sido Ábalos.
Ese y otros antecedentes configuran un historial atravesado por la violencia. Por eso, frente al hallazgo de un cuerpo calcinado y las características del caso, una de las hipótesis que se analiza es la de un posible ajuste de cuentas.